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Requien por un sueño.
Cuando entro en las páginas cristianas que hablan de matrimonio, tengo la inevitable sensación de que estan/mos luchando contra una idea de matrimonio que ya no existe. Las personas que ahora rondamos los cincuenta, que tenemos hijos que viven en pareja, al menos algunos, entre los que me incluyo, vivimos esa relación con perplejidad. No entendemos esa forma de relacionarse sin compromiso y en cierto modo nos asusta la posibilidad de ser abuelos en tales circunstancias. Algunos tenemos la sensación de que nuestros hijos más que vivir en pareja comparten gastos. Estamos confusos cuando no tenemos muy claro que nombre poner a esa relación y sobretodo estamos confusos cuando intentamos incorporar a esa persona como un miembro de nuestra familia, tal cual nosotros entendemos la familia: como un lugar de acogida, de participación, de calidez… de ternura. Así, no podemos entender que cada uno haga vida separada después de convivir tres años y llevar cinco juntos. Salen cada uno con sus respectivos amigos, se van de vacaciones por separado, las comidas familiares no son compartidas, no asisten juntos a los actos familiares: cumpleaños, bodas, bautizos… etc. No desean tener hijos. Dios mío…¿ que comparten además de la cama, el salón y la cocina?. A nosotros, matrimonios convencionales, acostumbrados a ceder, conciliar o jurar en arameo pero manteniendo el tipo contra viento y marea, necesitamos entender porque nuestros hijos se enfadan cuando le preguntamos…pero ¿ Qué tipo relación tenéis?. Y nos responden sorprendidos de la pregunta….¡Una relación normal mamá!. ¡Vaya por Dios! ¡una relación normal!.Una opta por callarse, pero como no lo entiende vuelve de nuevo a cometer errores. ¿Vendrá M. a comer con nosotros mañana?. ¿ y por qué tiene que venir? ¡que yo sepa no estamos casados!. Ahhh….¡Vale!. Y como un niño que intenta componer un puzzle, observo a mi hijo ….y tengo la certeza de que quiere muchísimo a esa chica. Desde siempre he creído, que en una pareja, dos no son uno. Dos son dos con identidad propia y puntos en común y que es la convivencia y la aceptación del otro los que fortalecen la unión y cierta clase de amor. Seguramente un amor que no nos hace vibrar, no deje de ser amor .A fuerza de vernos sentir, acabamos siendo imprescindibles en la vida del otro. Es posible que este tipo de relación sea válida para mí, pero seguramente no lo sea para mi hijo. Yo no se si el amor es posible hasta la muerte. No lo se. No se si acomodarse al otro es amor o es muerte, porque está muerto quien no ama con un amor humano. El cariño es solo un hermano tullido del amor quien, con la gracia de Dios, logra hacerse pasar por él, pero no lo es. El amor humano y el amor de Dios son imprescindibles, pero el aliento del hombre que vive sobre la tierra es el amor que hace vibrar sus raíces y le hace sentir la sabia, ese alimento con el que soñamos, bailamos, nos esforzamos y nos da fuerza y una razón para vivir sin sucedáneos y eso….¿ no es una utopia?. Tal vez por eso nos aferramos a nuestras parejas como parásitos y nos inventamos, por comodidad, un amor eterno amparado por la gracia de Dios…Pero acaso ¿ no nos estamos autoengañando? |